Perdí la noción del tiempo mirándote. Cuando quiero acordar llevo tres siglos sosteniéndote la mirada.
Se nos pone enfrente y nos mira, sacando la lengua.
Vos lo mirás
Se ríe de nosotros que en vez de mirarnos lo miramos a él, como a un fantasma.
Me doy cuenta de que tratas de evitarlo.
Tu mano se soltó pellizcándome los dedos como si debajo de tus pies se abriera un precipicio y claro, no te pude agarrar mucho tiempo… te caíste en el agujero.
Pero la caída que sentí arrancarme tu mano no fue hacia abajo: vos seguiste parado ahí, mirándome otra vez. Te habías caído hacia adentro.
Hasta que de nuevo te sacó la lengua y lo miraste de reojo.
Él se reía y yo me puse nerviosa. ¿quién lo invitó a jugar con nosotros?
Con el agujero bajo tus pies y vos ausente, yo no supe qué hacer parada enfrente tuyo.
No me miraste más.
Eras todo ojos mirándote al espejo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario